El terror de Renegade Kid se instala en un
simple pero agraciado cartucho para Nintendo DS. Un hospital vacío de
vida, repleto de seres de ultratumba y con sangre para repartir de
manera equitativa entre las dos pantallas de la portátil.
Cae la noche. Llueve intensamente. Un pasillo tenebroso al frente.
Sumidos en la rigidez de una silla de ruedas y transportados por un
ente desconocido. Durante una rápida pero intensa travesía descubrimos
una mujer inerme, ensangrentada; una niña acusadora, de mirada perdida
que nos señala y caemos por un foso. El sueño ha terminado.
El despertar, aunque sea difícil pensarlo, no es más alentador.
Sigue lloviendo cuando levantamos la vista de la cama. Un hospital, sin
duda, con sus habitaciones cuadriculadas, repletas de tecnología y en
incesante pitido de máquinas. Estamos solos, con la lluvia, no hay nada
ni nadie vivo en este recinto. Dejamos la cama y nos dirigimos a
abandonar la habitación cuando vislumbramos entre relámpagos una nota
de papel en el suelo. ¿Por qué lo hiciste?", reza el fragmento de
celulosa que está acompañado por una llave. Abandonamos la habitación.